La vida nos prepara en algunos momentos una mesa y nos sienta frente a nuestros miedos, impotencias. Si estamos en frente, entonces los vemos cara a cara, y tomamos distancia de ellos, dejan de ser una carga y una carga no conocida. Sentarnos frente a ellos es reconocerlos y hacerse cargo de esa debilidad, de esa parte sombría que tenemos.
Allí están nuestros complejos, los mandatos que nos condicionan, que nos aprisionan, que bueno sería que dialoguemos con ellos, que podamos decirle todo lo que nos hace sentir y que ellos nos cuenten, porque están y de donde vienen.
Preguntémonos, a quienes sentaríamos en la mesa, cual es ese mandato que no nos deja ser o estar donde queremos.
Se que no es fácil, que es preferible, no verlos ni escucharlos, pero si no tomamos el coraje de mirarlos cara a cara, de escucharlos, de sentarnos con ellos en la mesa de nuestra vida, nos estamos perdiendo la oportunidad de conciliarnos con esa parte que tanto tememos, de mirar desde otro lugar, donde nos sentimos amados y valiosos.
Para ello es menester descubrir nuestros talentos, nuestras virtudes, nuestras capacidades. ¿Quien se sienta en la mesa frente a su enemigo? Aquel que confía en si mismo, aquel que reconoce que tiene potencias, que tiene algo para ofrecer. Sabe que tiene dudas, interrogantes, pero confía que en el dialogo mismo va a ir descubriendo la verdad, esa verdad que lo fortalecerá, confía aún con sus miedos, puesto que tiene fundamentos, es decir donde sustentarse.
Yo las invito a todas las mujeres, a sentarse en la mesa con sus propios condicionamientos, con sus propios defectos y a dialogar, buscando la conciliación y porque no, descubrir que ellos han colaborado no solo negativa sino positivamente a la valoración, a la comprensión, a la confianza en cada de una las relaciones de nuestra vida.
Archive for May, 2009
Hoy me encuentro con Pedro caminando por las aguas, yendo hacia Jesús y en ese Pedro me identifico, las aguas son ese camino que no tiene que ver con lo seguro, lo conocido, pero si tiene que ver con nuestra esencia, con nuestro potencial, con el ser mismo. Y Pedro duda y me pregunto porque. Quizás porque mira hacia abajo?!, hacia esa agua que esta moviéndose y tiene miedo, y el miedo lo hace hundirse.
Cuantas veces tenemos miedo frente a situaciones que se desacomodan, frente a los cambios, frente a la posibilidad de desestructurarnos. No esta mal tener miedo; el miedo es humano y es parte de la vida y sentirlo, implica coraje y valor, el atravesarlo. Cuantas veces nos sentimos hundirnos ,desaparecer y nos escondemos; y no es más que la falta de confianza, de creer en uno mismo, en tener fe, que aunque nos hundamos podremos nadar y allí conectarnos con nuestro potencial, con nuestra esencia, con lo que queremos ser más allá de los deseos de los demás.
Este Pedro que siente hundirse en el miedo, que no es capaz de mirar más allá, de poder visionar, nadando en el presente, con los ojos puestos en Jesús, es decir en el futuro, en ese propósito, proyecto de vida. Esa vida que nos empuja a salir de la comodidad para expandir el espacio. Puede sin embargo en otro momento, saltar de la barca, de esos viejos lugares, viejos vínculos, y nadar; ahora si, hacia la orilla, hacia la meta, hacia el maestro, el que habita en cada uno. Hacia el encuentro definitivo de la vida pero ya conectándose con lo mejor de él.
Este pedro me hace pensar que no importa, si ahora no puedo, o no se, o no quiero, no importa si hoy decido quedarme o me caigo o no tengo todas las respuestas. Este Pedro me enseña y me hace ver que no se trata de estar erguida, por encima de todo, porque entonces nos mareamos. Se trata de sumergirnos en nuestra humanidad con la mirada puesta en la mejor versión de uno mismo.
Les dejo una pregunta de Martines de Radio del plata, en el programa de buenas compañias “ que quieres ser vos?! “