El llanto de dolor del nacimiento de nuestro hijo queda marcado como fuego en lo más íntimo de nuestro ser. Después de ese llanto, los demás son pedidos cordiales de higiene, alimento o mimos.
Cuando una madre vuelve a escuchar en su ser, ese grito de auxilio porque algo está mal, no está permitido que una abuela experta, ni un prestigioso pediatra les diga “…déjelo llorar, ya se le va a pasar…” o un “…es chiquito déle mas teta…”. ¿Darle más TETA?!! Cuánto más, si se amamanta cada 15 minutos y después de tan lleno devuelve todo. Y ni que hablar de los pechos de una madre que ofrece su leche con tanta frecuencia a un bebe desesperado por vaya saber que.
Un pediatra debería tener como materia troncal en su carrera “La intuición Materna”. Cuando una madre va cada dos días a verlo, porque nada calma a su bebe, NADA; no es el caso de “…la mamá esta cansada y estresa al niño…”, ni “…es primeriza…”, de esos también hay, pero en esos casos la abuela experta funciona de diez; no esto pasa cuando realmente una madre con intuición que guía a su pediatra no es escuchada.
Ahora bien, ¿culpables?, creo que no, ¿responsables? muchos. La mayor responsabilidad recae sobre la misma madre que no defiende su intuición, ni hace valer los derechos sobre ese niño que gestó durante nueve meses.
Mi intuición de madre me llevo a resolver muchos problemas, grandes y chicos, que aquejaron a mis hijos; desde cambiar de pediatra no porque los atendía mal, sino porque no me escuchaba; hasta salvar de una internación por desnutrición a mi pequeñito. Les agradezco a ellos, mis enanos, por guiarme en este camino de madre.
Consejito: aprendan a escucharse, para poder escuchar a sus hijos, son la mejor guía para ser padres.